Para nosotros es un hecho muy importante poder
estar hoy en el Día Mundial en que reivindicamos el derecho de los trabajadores
y las trabajadoras a ejercer eso que nos dignifica que es el trabajo, en las condiciones
de plena garantía y de plena seguridad.
Estamos cada vez que venimos a estos encuentros en una especie de contradicción
permanente. Porque por un lado tenemos la reafirmación de propósitos
y de metas que es imprescindible comenzar a convertir en realidad y, por otro
lado, vemos la tremenda distancia que existe entre la realidad y entre lo que
anunciamos como objetivo.
Pero cada vez que un trabajador, un compañero o una compañera, viene
a estos encuentros, lo hace no para participar de un simposio, no para adquirir
determinado tipo de conocimientos ni atesorar la participación en un encuentro,
sino fundamentalmente para nutrirse para una lucha. Viene a nutrirse para una
práctica, que es la que planteaba con tanta lucidez el compañero
Vogel.
Nosotros creemos que no hay garantía de que las condiciones de salud y
de medio ambiente, las condiciones para un trabajador se respeten si no hay protagonismo
de los trabajadores. Creemos que éste es un tema clave. Necesitamos incorporar
a la militancia de las organizaciones que representamos a los trabajadores de
manera protagónica, este tema como parte de la lucha.
En una película que se dio no hace mucho, un obrero ruso, desocupado, en
la zona de los astilleros de Asturias, les dice a sus compañeros también
desocupados, que cuando se cayó el muro descubrimos que todo lo que nos
habían dicho del socialismo era mentira. Pero descubrimos también
algo todavía más terrible, y es que todo lo que nos habían
contado del capitalismo era verdad. Y yo creo que estamos en ese punto en este
momento. Por eso necesitamos, como decía el compañero Vogel, inventar,
necesitamos crear una nueva sociedad en la que otra vez el valor del ser humano
se ponga por encima del valor del dinero. En la que otra vez el valor de la construcción
de una sociedad solidaria se ponga por encima del valor del mercado. En la que
otra vez el valor de lo colectivo como construcción que le da sentido a
la vida de los individuos esté por encima de ese hedonismo y ese individualismo
permanente que nos plantea la sociedad de consumo y que nos plantea a nosotros
de manera brutal el neoliberalismo en su estado de capitalismo más salvaje.
Porque esto hay que decirlo: en la Argentina y en otros países de América
Latina se experimentó como en un laboratorio. Es decir, muchas cosas que
en los países de Europa o que en los propios Estados Unidos de Norteamérica
no se atrevían a ponerlas en práctica con sus propios pueblos, se
las arreglaron para tomar a los trabajadores y a los pueblos de la Argentina y
de otros países como verdaderos conejillos de Indias, fue parte del proceso
que nosotros vivimos y, como bien decía Vogel, es verdad, usamos mucho
la palabra recuperación, porque queremos volver de eso que fue para los
trabajadores el estado de desprotección absoluta.
Y quedan rémoras, quedan leyes que necesitamos derogar, quedan reglas de
juego que necesitamos cambiar, quedan concepciones que tenemos que dar vuelta
como una media. No puede ser que la salud de los trabajadores sea parte de un
negocio. Es absolutamente contradictorio, niega la esencia misma de lo que es
la lucha para garantizar condiciones mínimamente dignas para aquellos que
están desempeñando un trabajo, y creo que esto tenemos que empezar
a concretarlo. Sabemos que esta IV Semana, que es algo muy raro porque no ocurre
en otros países del mundo, evidentemente va en ese sentido.
Necesitamos organizaciones sindicales potentes, que sean capaces de articular
con la sociedad, que sean capaces de terminar con todo ese discurso que se instaló
en los medios y que pretendió convencer a los propios trabajadores de que
la ventaja comparativa de un país como el nuestro para eyectarse al primer
mundo era ofrecer mano de obra barata. Y dentro del abaratamiento de la mano de
obra con la que nosotros teníamos que competir con otras naciones, aparecía
la necesidad de reducir lo que se llamaban los "costos laborales".
Dentro de la reducción de los costos laborales, además del salario,
y de la conculcación de otros derechos, apareció también
el tema de reducir al mínimo las condiciones que garantizan salud y seguridad
en el trabajo en la Argentina.
Si nosotros vemos las estadísticas de los últimos años, erizan
la piel. Si nosotros comparamos la cantidad de accidentes denunciados en la Argentina
con lo que es el promedio de accidentes denunciados en el mundo, evidentemente
esa comparación habla a las claras de hasta dónde penetraron como
una especie de cuchillo caliente en la manteca esas políticas que tendieron
sistemáticamente a desmontar una legislación que en la Argentina
era de avanzada.
Fíjense, todavía están vigentes en nuestro país al
respecto las leyes de la dictadura. Y tienen que derogarse, porque es una hipocresía,
un contrasentido, plantearnos todos estos objetivos y seguir conviviendo con esas
leyes. Todavía estamos hablando de que lo más importante que se
escribió en este país sobre este tema data de hace dos siglos prácticamente.
Bialet Massé, Rawson… Creo que nosotros necesitamos, en un país
con la tradición que tuvo la Argentina, que supo realmente honrar los derechos
de los trabajadores, que supo construir una cultura política que hizo posible
que algún día en este país los trabajadores fueran realmente
seres humanos respetados en su dignidad y en todos y cada uno de sus derechos,
en un país como éste, nosotros tenemos la obligación de que
esa palabra que decía Vogel: recuperación, se convierta prácticamente
en nuestra hoja de ruta.
No es que nosotros queramos volver al pasado. Porque también muchos sectores
de la derecha nos corren muchas veces con que cualquier cosa que tenga que ver
con recuperación efectiva de derechos es querer volver al pasado, es olvidarse
que vivimos en un mundo globalizado, que la posmodernidad establece otras reglas
de juego. Esas son todas las mentiras de los zorros que quieren seguir viviendo
a sus anchas en el gallinero.
Nosotros tenemos que demostrarles que es posible construir una sociedad solidaria,
pero que el punto de partida de esa construcción pasa por respetar a los
trabajadores, y que son los trabajadores que como visión global de futuro,
llevan en su entraña y en su pensamiento la posibilidad de construir una
sociedad solidaria. Porque para nosotros los trabajadores no es el lucro, no es
la ganancia lo único que está planteado como un valor en el horizonte.
Creo que tenemos que animarnos, con autonomía de clase, con independencia
de los factores de poder económico, y también con autonomía
frente a los propios gobiernos, a plantear estos temas y a construirlos en una
realidad efectiva.
Yo saludo este encuentro, saludo el espíritu que anima esta convocatoria,
por supuesto a los compañeros Héctor (Verón), Carlos (Rodríguez),
un inmenso reconocimiento. Vamos a seguir trabajando juntos. Creo que es importante,
además, que haya habido la posibilidad de esta convocatoria, porque esto
tampoco surge de la nada, creo que hay una decisión política de
avanzar en este sentido, y está el compromiso, más que eso la voluntad,
de construir con los compañeros de la CGT una especie de declaración
que va a fijar una suerte de programa de lo que nos proponemos en lo inmediato
y a la que vamos a terminar de darle forma, y vamos a firmar, está el compromiso
de luchar juntos en esta construcción que en definitiva es devolver las
condiciones dignas para quien trabaja. Pero que si lo vemos proyectado un poco
más ampliamente, es aportar a la construcción de una sociedad más
justa.
Muchas gracias.