Buenas tardes. Es un verdadero placer poder compartir
con ustedes esta IV Semana Argentina de la Salud y Seguridad en el Trabajo, realizada
como todos los años gracias al esfuerzo de mis colaboradores de la Superintendencia.
Este año no me detendré a explicarles cómo fue el accionar
de la SRT durante nuestra gestión en los años anteriores, como ya
he hecho en otras oportunidades en el marco de la Semana Argentina.
Pero les digo con orgullo que voy a cumplir 4 años al frente de la Superintendencia,
muy a pesar de los agoreros de siempre, que creyeron que venía otro superintendente
por unos pocos meses, como ocurrió históricamente en el organismo,
lo cual contribuyó a no aplicar políticas claras y duraderas y,
a su vez, impidió una posible revisión de metas y resultados.
Muy a pesar de aquellos que pensaron que una gestión de corte preventivo
no podía prosperar en un Sistema de Riesgos del Trabajo acostumbrado a
hablar sólo de costos y, sobre todo, de reducción de los costos.
Hoy por fortuna el país es otro. La ciudadanía le reclamó
al sistema político cambios sustanciales, y el presidente Néstor
Kirchner percibió el mensaje, entendió que fortalecer el Estado
era fortalecer la democracia y devolver la dignidad a la Nación. Así,
en este contexto de cambios, fueron más los que nos acompañaron
en la gestión -en principio los trabajadores-, que aquellos que golpearon
puertas para que nos vayamos.
Desde este espacio que recreamos en la IV Semana Argentina, hoy quiero remarcar
la convocatoria de pensar juntos cuál es el verdadero rol del Sistema de
Riesgos del Trabajo desde el Estado.
No podemos olvidar que salimos de una profunda crisis, de un país devastado,
en el cual la falta de trabajo era el denominador común. Tampoco nos olvidemos
que este gobierno volvió a poner el país en marcha, creando millones
de nuevos puestos de trabajo, y siempre como norte tuvo la creación de
trabajo decente: es decir legal, o sea registrado, sano y seguro.
Una vez más reafirmamos que:

No podemos
evitar los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales si dejamos el
control de las condiciones y medio ambiente de trabajo en manos privadas.

No podemos
evitar que los trabajadores mueran, se mutilen o enfermen, si nos concentramos
en artilugios políticos que eviten un verdadero control sobre los lugares
de trabajo.

No podemos
concebir empresas productivas y competitivas, si reproducimos ámbitos laborales
enfermos.

No podemos
hablar de la salud de la población si permitimos que la población
trabajadora sufra accidentes o enfermedades que le dejen por el resto de su vida
lesiones e incapacidades.
Desde esta perspectiva, acompañamos la gestión del presidente Néstor
Kirchner y del señor ministro Carlos Tomada, centralizamos todo nuestro
accionar para potenciar la inspección del trabajo, capacitar a los trabajadores
y empleadores en estrategias de prevención, sensibilizar a la ciudadanía
en cuanto a la problemática de los riesgos del trabajo, y promovimos políticas
públicas para la comunidad laboral vinculadas a las evidencias científicas.
Señores, en ese sentido, entendemos que la política en educación,
salud y trabajo deben ir de la mano, si queremos lograr una verdadera
cultura
de la prevención.
Tengo el enorme placer de anunciarles que la semana pasada firmé la resolución
que contiene las “Directrices Nacionales para los Sistemas de Gestión
de la Seguridad y la Salud en el Trabajo”, que ayudarán a nuestros
compatriotas empleadores a tener un sistema de gestión de la prevención,
cuyo marco referencial son las “Directrices sobre Sistemas de Gestión
de la Seguridad y la Salud en el Trabajo”, ILO-OSH 2001 de la Oficina Internacional
del Trabajo (OIT), a las cuales habíamos adherido en el año 2005.
Debo aclararles que adecuar las directrices internacionales a la realidad de los
empleadores argentinos nos llevó dos años intensos de trabajo. Fue
una tarea ardua del personal de nuestra Superintendencia en forma conjunta con
consultores de la OIT que nos brindaron asistencia técnica.
Además, tengo que anunciar que generamos un acuerdo de cooperación
técnica con la Organización Internacional del Trabajo, para ejecutar
el proyecto “Mejores condiciones de Trabajo y Productividad en pequeñas
y medianas empresas manufactureras”. La estrategia de este proyecto es utilizar
la metodología WISE, que son las siglas en inglés para “Mayor
Productividad y un mejor lugar de Trabajo”. La SRT financia este proyecto;
la OIT es la encargada del control administrativo y contable.
Así, con estas dos nuevas acciones del organismo, estamos buscando las
empresas sanas, seguras y productivas que nos merecemos todos los argentinos.
Nuestro Sistema de Riesgos del Trabajo, cuestionado y vapuleado, necesita un cambio.
Ahora tenemos la oportunidad histórica de discutir y elaborar una nueva
Ley de Riesgos del Trabajo, por primera vez, con la participación pluralista
de todos los sectores, como corresponde a una democracia verdaderamente representativa
y que respeta el diálogo social. Nuestros parlamentarios deberán
estudiar y trabajar a fondo para que tengamos la norma que nos merecemos. Sin
olvidar que miles de trabajadores muertos y discapacitados nos reclaman que esta
problemática esté presente en la agenda social y política.
No me cansaré de resaltar las virtudes del sistema por sobre las inequidades
de la viejas normas, sobre todo en su aspecto de reparación sanitaria y
en la inmediatez de los pagos; sin embargo, destacaré el déficit
preventivo que existe en el país, que las estadísticas reflejan
claramente.
Estamos siendo testigos de un aumento de la accidentabilidad, y ya no hablamos
de accidentes durante los traslados, sino en los propios lugares de trabajo, que
nos evidencia la falta o ausencia de medidas de prevención, y también
las deficientes condiciones y medio ambiente de trabajo en los que se desempeñan
los ciudadanos argentinos.
Por eso el cambio que planteamos no puede centrarse sólo en un aumento
de los montos indemnizatorios, por demás necesario, debe además
propender a la justicia social a través de un mejoramiento de sus imperativos
preventivos, de una mejora sustancial en sus cuestiones operativas de reparación
y, lógicamente, con una profundización en la inspección del
trabajo desvalorizada y desmembrada durante años al compás de la
devaluación de la cultura del trabajo.
Para esto, las responsabilidades de empleadores, aseguradoras y trabajadores deben
estar claramente determinadas. Las ART deben multiplicar la calidad y cantidad
de acciones que realizan hoy. Los empleadores están pagando por un servicio
que se financia mediante un seguro obligatorio y están en condiciones de
exigir más. Exigir más, entiéndase, no significa que los
empleadores “externalicen” sus obligaciones en materia de prevención.
Por eso seguimos abogando por la tan famosa “responsabilidad empresaria”.
Los representantes de los trabajadores deben seguir discutiendo con los empleadores
las condiciones de trabajo, y deben estar al lado del compañero cuando
ven una tarea riesgosa y deben negarse a realizarla. Por eso son imprescindibles
los comités mixtos dentro de las empresas, son los únicos que estarían
continuamente en los lugares de trabajo y evitarían los riesgos inminentes.
Muchos están en desacuerdo con mi postura de mostrar las deficiencias del
sistema, pero la realidad es que hay que saber distinguir para poder consensuar
una posición; hay que abrir los ojos y realmente observar cómo se
trabaja en la Argentina para poder cambiar y mejorar.
En todos estos años no he escuchado a nadie que me pueda decir que en su
provincia no existe el trabajo infantil, el trabajo en negro, la explotación
de los trabajadores, las condiciones y medio ambiente de trabajo inadecuadas en
los diferentes sectores de actividad. Y por eso sigo y seguiré denunciando
las debilidades ya que deseamos que los que nos sucedan en la gestión,
encuentren una base sólida desde donde seguir consolidando los cambios
que necesita el mundo del trabajo en la Argentina.
Estimados, los invito a seguir trabajando y aprovechar este espacio de reflexión
y debate.
Muchas gracias.