Cierre de la Primera Semana Argentina de la Salud y Seguridad en el Trabajo
Discurso del Dr. Carlos Rodríguez

Buenos Aires, 28 de abril de 2004



Estimados amigos:
Dr. Carlos Rodríguez
Me he permitido llegar a este momento de la Primera Semana Argentina de la Salud y Seguridad en el Trabajo, en primer lugar por la generosidad del Sr. Superintendente que, al saber de mis deseos de asistir al menos a esta clausura, ha tenido la enorme generosidad de cederme su lugar en el cierre.

En verdad, deseaba intensamente estar unos instantes con todos ustedes, el Dr. Verón me ha puesto en la posibilidad de compartir también algunos comentarios. Estos no tendrán la profundidad que hubiese deseado ni desarrollarán el tema que me había propuesto oportunamente como desafío, sin embargo aguardo que lleguen a ustedes con la misma sinceridad y calidez que los emito.

Carlos Rodríguez, Héctor Verón, Carlos Tomada,
Javier González Olaechea, Laurent Vogel

En primer lugar quisiera expresar con satisfacción que hemos podido planificar y llevar adelante un programa complejo en un tiempo realmente excepcional. No es fácil preparar el abordaje de los temas que aquí se han tocado, ni convocar a los presentadores que seguramente han tenido oportunidad de gozar. Hemos podido hacerlo. Se demuestra una vez más que la eficiencia no es un patrimonio de la empresa privada. Cuenta para lograr lo que ustedes han compartido: la vocación de servicio, el deseo profundo de producir algo de calidad, la idoneidad y, sobre todo, que muchos hayan tomado esta Primera Semana Argentina como propia.

Quiero especialmente hacer un reconocimiento público a nuestros colaboradores de la SRT, especialmente a aquellos que han accedido a realizar trabajo voluntario para que todo saliera bien. Mis aplausos a ellos.

Otro agradecimiento especial va dirigido a todos los hermanos de otros países que han aceptado nuestra invitación y que en su gran mayoría han financiado su viaje y estancia en nuestras tierras. Igualmente a todos los compañeros argentinos que desde distintas vertientes han sabido brindar e intercambiar conocimientos.

Deseamos también agradecer a todas las entidades que han adherido a esta Semana, en especial a aquellas que han programado sus propias actividades al unísono.

Voy a retornar a algo que dije. Al escuchar mi referencia al trabajo voluntario de nuestro personal algún necio podría pensar que estamos remedando la zafra azucarera cubana.

SI, acudimos al trabajo voluntario, que es aquel que se hace mas allá de los horarios y de las propias obligaciones y lo hacemos toda vez que nos proponemos trabajar en nuevos temas que consideramos indispensables pero a sabiendas que tenemos nuestra fuerza de trabajo saturada. Allí nace el trabajo voluntario, nace por amores y no por expectativa de recompensas, de esta forma por ejemplo tenemos un conjunto de colaboradores que ha asumido con pasión el tema del trabajo infantil y que está trabajando en la reglamentación del Convenio 182 de la OIT sobre las Peores Formas de Trabajo Infantil, junto a otras áreas de nuestro Ministerio y a la Secretaría de Derechos Humanos. Ellos estarán trabajando mañana mismo con Valentina Forastieri.

Esta adhesión interna se logra toda vez que la dirigencia de una institución muestra claramente que es idónea, que es transparente y que sabe dónde va.

No somos la Superintendencia de las ART, como muchos se empeñan en nombrar, somos la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, un organismo de la Secretaría de Seguridad Social del Ministerio de Trabajo que si bien nace con la Ley de Riesgos del Trabajo, hereda los deberes de las antiguas Direcciones Nacionales de Higiene y Seguridad en el Trabajo y luego de Salud y Seguridad en el Trabajo.

Siendo ese nuestro origen y pertenencia no debería extrañar que cumplamos con nuestras obligaciones de fiscalizar a las ART y al mismo tiempo colocar todos los esfuerzos en fomentar la prevención.

Esta Primera Semana ha sido planificada, con el apoyo pleno del Sr. Ministro de Trabajo -el mismo apoyo con que contamos en todas nuestras iniciativas-. Desde ese deseo promocional, desde la intención de poner al acceso de empleadores, trabajadores, especialistas y otros interesados los Grandes Temas de la Salud Ocupacional en el ámbito nacional e internacional.

Bachie Zudie, Director del Museo Arqueológico de Damasco dice “El trabajo no es un castigo, el trabajo es el goce que nos ha dado Dios para que no nos enloquezca el paso del tiempo”. Como todos somos el tiempo que nos queda, para no enloquecer por ello, la receta es el trabajo. Por eso: el momento de prevenir es ahora.

Los que me conocen desde hace tiempo, muchos de los presentes, saben que no me caracterizo por decir aquello en lo que no creo, ni tampoco por buscar formulas alambicadas para decir verdades a medias. Desde esa posición, y con el respaldo de casi 40 años dedicados -creo que consecuentemente y desde distintas posiciones- a intentar poner la medicina del trabajo al servicio de los trabajadores, me permitiré algunas libertades. De esta forma apenas daré algunas pinceladas sobre tópicos que sin duda necesitarían de una exposición en profundidad. Sin embargo, sabedor de las cualidades de quienes escuchan me atrevo a hacerlo así, llana y sintéticamente. Nuestra intención es compartir algunas certidumbres y avanzar en unos pocos aspectos del Plan Estratégico que expusiera el Sr. Superintendente.

Veamos entonces este punteo.

1) Si bien los temas de salud y seguridad en el trabajo son temas insertos en las relaciones laborales, el estado no puede comportarse ante ellos con neutralidad. No se puede ser neutral cuando una mala condición de trabajo puede entrañar la invalidez o la muerte. Podría comentar que hay Convenios Internacionales y aún la misma Constitución Argentina en una buena lectura así lo exige. Pero creo que basta con decir que no puede ser neutral por simples razones éticas.

Son los trabajadores y su calidad de vida en el trabajo nuestro objeto y sujeto de trabajo.

2) Algunas normas en materia de salud y seguridad han quedado vaciadas de contenido o son obsoletas. Aún los mismos servicios de higiene y seguridad y medicina del trabajo han quedado desarticulados en sus funciones. Seguramente en el futuro inmediato estaremos proponiendo unas nuevas formas de organización de la prevención más serias, adecuadas a la realidad nacional, no facilitadoras del mercantilismo (aún el profesional) y que permitan articular los recursos de las ART con los de las empresas. Tenemos por delante la producción de otras normas, en especial relativas a convenios de la OIT recientemente ratificados.

3) Las normas no deben servir solo para enriquecer el acerbo nacional. Las normas deben cumplirse y para esto es indispensable dejar de jugar al “como sí”. Resulta perentorio articular esfuerzos y recursos entre la nación y las provincias para tener una inspección suficiente y calificada. El Convenio 81 de la OIT, ley para nuestro país, estipula claramente las obligaciones al respecto y la experiencia del mismo organismo da cuenta del número de inspectores necesarios respecto a la población a cubrir. Lamentablemente tenemos que confesarnos a nosotros mismos que Argentina incumple con este Convenio. Al mismo tiempo confiamos en que la reglamentación de la nueva norma laboral permita en este sentido cooperar para lograr ese País en serio que deseamos todos.

4) En consonancia con el punto anterior, es indispensable que definamos un Sistema Nacional de Salud y Seguridad en el Trabajo. Esto implica para el estado en primer lugar cumplir con las tareas propias. Estas tienen como puntos cardinales definir un sistema de inspección en serio y articular recursos y definir planes al menos con las áreas de educación ý salud para luego extenderlo a otras como industria, agronomía, minería, etc. Este primer paso de coordinación estatal es indispensable para luego sentarse con el resto de los interlocutores sociales interesados a constituir un sistema. No tener un sistema no es solo una muestra de ineficacia y despilfarro sino de ignorancia y liviandad. Naturalmente esta es una tarea que nos supera y que, de considerarse acertada, deberá encabezarla el Sr. Ministro de Trabajo.

5) Las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo deben recordar las promesas hechas en tiempos de afiliación. Bastaría con hacer un repaso de los materiales publicitarios de la época. Entonces se aseguraba que los empresarios solo deberían ocuparse de la producción, ellas se iban a ocupar del resto. Creo que las ART, tal vez por una cultura signada por la costumbres de las compañías de seguro, de quienes son herederas, olvidan a menudo que fundamentalmente deben ser empresas de servicios que se financian como un seguro y no empresas de seguro que brindan algunos servicios, los suficientes para recoger las utilidades que aguardan y para conservar los grandes clientes.

Últimamente pareciera que toda obligación preventiva a cumplir fuera rechazada y las ART acuden al terreno judicial con la misma falta de mérito que le adjudican a los trabajadores que les reclaman prestaciones por el Código Civil. Esto es lo que se conoce en nuestra jerga como “doble standard”. Sin embargo con el Dr. Verón creemos indispensable seguir ofreciéndoles oportunidades, de allí por ejemplo el mostrar los “barbarismos” en materia de información sobre accidentes y enfermedades que remiten para que puedan corregirlos. De allí las conversaciones que mantiene el Superintendente y su equipo gerencial con las contrapartes de cada ART para ofrecerles la mirada que se tiene sobre las actividades de cada Aseguradora en cada tema, para así instarlas a la mejoría. En estas reuniones, es curioso observar cuán poco suelen saber los directivos máximos de estas instituciones respecto a lo que acontece en cada una de sus áreas. Sería aconsejable que comenzaran a adoptar indicadores de gestión lo que se corresponde con una buena práctica gerencial. De allí también, nuestra invitación a adherir al Código de Ética Internacional en Salud Ocupacional, de allí el haber promovido el Código de Buenas Prácticas, presentado durante esta Semana, al que podrán adherir aquellas ART que quieran avanzar en la materia. Estamos seguros que habrá ART que aceptarán gustosas el desafío de su adopción y nuestra auditoría.

6) Necesitamos marchar hacia una cobertura más solidaria. De esta manera quiero mencionar que nuestro Sistema de Riesgos del Trabajo presenta dos muestras claras de falta de solidaridad a las que voy a dar en llamar interna y externa. Al hacer referencia a la solidaridad interna estoy evocando al hecho, por todos conocido, que el Sistema de Riesgos del Trabajo es financiado por las Pyme y que las mejores prestaciones se las llevan las grandes empresas (no solo las preventivas, también las asistenciales, determinados prestadores médicos solo están disponibles para determinadas firmas). Las alícuotas de las Pyme son siempre muchos más altas que aquellas de las empresas de talla mayor, naturalmente porque no tienen el mismo poder de negociación. Otro aspecto a considerar es que el valor de la alícuota no responde a los esfuerzos realizados por la empresa en materia de prevención. Hemos establecido los indicadores necesarios, hemos revisado los datos de los 7 años y hemos establecido una propuesta de régimen de alícuotas que tiende a limitar los efectos perversos descritos.

El próximo lunes, el texto consensuado con la Superintendencia de Seguros de la Nación estará a consideración del órgano tripartito de la ley. Con el término de solidaridad externa estoy haciendo referencia a la falta de cobertura de un extenso sector informal de la economía, a los distintos regímenes de contratación, a las cooperativas de trabajo (a las verdaderas cooperativas de trabajo y no a aquellas que hacen del fraude su negocio), a los trabajadores autónomos. No nos cabe duda que hay que quebrar esta falta de solidaridad y mejorar la cobertura. Hemos presentado al Sr. Ministro de Trabajo un par de borradores que sin duda necesitan de mayor profundización e idoneidad para avanzar en el tema.

7) La negociación colectiva como herramienta para mejorar la prevención. Unos años atrás en la Dirección Nacional de Salud y Seguridad en el Trabajo tuvimos ocasión de hacer un estudio sobre 400 convenios colectivos de trabajo con el objetivo de ver en qué medida esta posibilidad había sido aprovechada. Fue grande nuestra sorpresa al descubrir que fueron mas las cláusulas que establecían prestaciones por debajo de lo que las normas exigen que aquellas innovativas. Quede a salvo el caso de un puñado de gremios que habían avanzado mostrando que esto es posible. Vamos a colaborar para revertir esta situación en dos ámbitos: uno el promocional editando un documento al respecto y otro colaborando con el Ministerio al que pertenecemos en la formación de sus negociadores y en la homologación de los convenios.

8) La salud y seguridad deben ser una preocupación de la Dirección de las empresas tan importante como la calidad y productividad. ¿Cuántas veces hemos dicho esto? También hemos dicho que hacer prevención es un buen negocio. Siempre me gustó este slogan y siempre dudé de su veracidad.
Es que pensaba que si fuese un buen negocio lo harían los empresarios.

Hoy, con más información respecto de las vinculaciones entre la economía, la salud y seguridad y también ¿por qué no?, con más experiencia, sé que hacer prevención es un buen negocio solo si se impide la externalización de riesgos, la externalización de sus consecuencias.

La posibilidad de poder exportar la carga de la enfermedad fuera de la empresa, es decir exportar los costos hacia la sociedad, hacia las obras sociales, hacia los trabajadores como individuos o hacia otras empresas, ofrece ventajas económicas para el empleador porque el daño no es compensado por la propia empresa. Paralelamente se reduce el interés en desarrollar una gestión adecuada en materia de salud y seguridad en el trabajo. El proceso de externalización de costos al que se suele olvidar en los estudios de costo-beneficio; la extensión de la tercerización y el crecimiento del sector informal de la economía, justifican por sí la reflexión sobre el tema. También nos indica la necesidad que toda estrategia de mejoramiento que pretenda un mayor involucramiento de los empresarios debe tener en cuenta poner en marcha mecanismos que impidan la derivación indebida de costos.

Al pasar me permitiré señalar que están profundamente equivocados aquellos empresarios que creen que con pagar a la ART sus obligaciones en materia de prevención están cumplidas. Lo absolutamente increíble resulta que en oportunidades sean los aparentemente ilustrados asesores y representantes de los empresarios lo que mantengan esta posición, la cual revela un desconocimiento de las normas que asusta o simplemente un desprecio por la vida de los otros que horroriza.

9) La cultura de la prevención. Nadie podrá discutir que este es un tópico de moda, reuní cerca de 3000 páginas en trabajos sobre el tema pues pensaba hacer de éste mi tema de exposición durante estas actividades. Pero reconozcamos también que hoy podría haber recogido en este punteo aspectos como los sistemas de gestión de la salud y seguridad en las empresas, los códigos de buenas prácticas, la responsabilidad social de las empresas, los códigos de conducta, las barreras para arancelarias en materia de salud y seguridad que nos irán poniendo los países centrales, no por proteger la salud de nuestros trabajadores sino la salud de sus propias empresas. Sin embargo no he podido eludir la tentación de decir dos palabras sobre esto de la cultura de la prevención.

De la misma forma que cuando aparece la noción de riesgo aceptable muchos de los cultores de la salud y seguridad en el trabajo sienten que han descubierto la piedra filosofal, el tema de la cultura de la prevención parece ocupar la misma pretensión.

En realidad, el concepto respecto a la presunta importancia de la noción de riesgo aceptable pertenece a Lawrence Mc Ginty, profesor de Seguridad e Higiene de la Universidad de Aston, él decía que así como el descubrimiento de la estructura del DNA por Watson y Crik fue asumido como el dogma central de la biología, el concepto de riesgo aceptable se ha convertido en la llave maestra del catecismo de la seguridad. Sin embargo, podríamos reflexionar que al preguntarse si un riesgo es o no aceptable es indispensable saber para quién: ¿Para aquel que deteminó su existencia?, ¿para el gobierno?, ¿para los científicos independientes?, ¿o para los expuestos? La noción de riesgo aceptable no es por lo tanto inapelable, ni universal, exige al menos consenso democrático y sobre todo de aquellos que ponen el cuero: los trabajadores.

De la misma forma el centro de la atención está fijado ahora en la cultura de la prevención, y digámoslo en voz baja, recién después de Chernobyl. Quiero aclararles que adopto la expresión cultura de la prevención, pues el de cultura de la seguridad, a menudo utilizada en las publicaciones en lengua inglesa, me resulta incorrecto o al menos propiciante de olvidos respecto a las causas del mayor número de muertos que, conforme los datos de la OIT, son las enfermedades vinculadas al trabajo.

En ocasiones, en nuestro país, se ve enarbolar el tema de forma tal que se enrostra al otro la falta de cultura de la prevención, se flamea otro banderín atractivo pero falso tal como aquel otro que se diera a luz en los años '30: el del acto inseguro.

En estos casos se enrostra a los trabajadores la falta de una cultura de la prevención en aquellos casos donde el trabajador pareciera que da poca importancia a su propia salud, o a su vida. ¿Qué importancia puede dar un trabajador a su cuerpo cuando solo lo ha vivenciado, a lo largo de toda su vida, como una herramienta de trabajo? Y esto no es puro sentimentalismo, no olvidemos que para nuestra legislación el trabajador es aún un trabajador devaluado. En efecto, aún no existen normas sobre los riesgos psicosociales y me niego a aceptar que nuestros trabajadores no tengan emociones, no tengan psiquis, me niego a aceptar que en nuestro país los agresores de la salud mental en el trabajo sean inexistentes. Entonces, cuando hablamos de falta de cultura de la prevención habría que ver en qué medida la estamos sosteniendo y amparando por decisión u omisión.

La cultura de la prevención, es decir el conjunto de creencias, actitudes y prácticas en una empresa al respecto, exige no solo una organización en la cual los trabajadores tengan protagonismo, sino que implica que sea asumida por cada eslabón la empresa. Hay un buen número de estudios demostrativos de lo contrario. Dentro de grandes empresas, con políticas definidas, con sistemas de gestión puestos en marcha se ha encontrado que distintos subgrupos tienen distintas ideas, en la práctica de la cultura empresaria en materia de prevención. Entonces, cultura de la prevención si, como materia indispensable del conjunto social, pero no forma devaluadas, sino como producto de gente seria que trabaja para un país en serio.

10) Las enseñanzas de Giulius Macacaro. Macacaro fue uno de los prevencionistas más importantes que tuvo Italia, y no me cansaré de repetir algunas de sus palabras. Así sostenía que la Prevención debía ser:

a) Preventiva en el sentido más genuino e intrépido, no agotándose en el diagnóstico precoz de la enfermedad ya declarada, promoviendo en cambio la defensa de la salud frente a las ofensas del ambiente de trabajo y de vida

b) Colectiva en el sentido que al superar cualquier forma de sistema burocrático parasitario e ineficaz (lo cual no es como se acostumbra a decir una exclusividad del Estado), se declare la asunción integral por parte de la colectividad participante, del derecho a ser sujeto no solo de salud, sino también de sanidad

c) Social en el sentido que sepa dirigir y llevar su intervención a la comunidad real en la que el hombre vive, sin ignorar la inseparabilidad de la salud colectiva y de la individual

d) Humana de forma tal de recuperar el diálogo entre profesiones cada vez mas “objetivas” frente a un sufrimiento siempre más subjetivizado

Sospecho que a este tiempo de mi intervención tanto mi respiración como mi voz estarán extenuadas. Me haría muy feliz si mis aportes instan a algunos a una reflexión ulterior.

Estimados amigos: el concepto de Trabajo Decente en su expresión mínima es Trabajo Registrado y Sin Riesgos. Por ello, y apelando a un trabajo decente, los insto a compartir la idea de que nuestra tarea hoy es poner todos nuestros esfuerzos para que los trabajadores no se hieran, no se mutilen, no enfermen, no mueran en el mismo lugar donde fueron a buscarse el sustento. A sabiendas de que la victoria final solo será lograda cuando los trabajadores vuelvan a cantar cuando trabajan.

Muchísimas Gracias.