| Me
he permitido llegar a este momento de la Primera Semana Argentina
de la Salud y Seguridad en el Trabajo, en primer lugar por la generosidad
del Sr. Superintendente que, al saber de mis deseos de asistir al
menos a esta clausura, ha tenido la enorme generosidad de cederme
su lugar en el cierre.
En verdad, deseaba
intensamente estar unos instantes con todos ustedes, el Dr. Verón
me ha puesto en la posibilidad de compartir también algunos
comentarios. Estos no tendrán la profundidad que hubiese
deseado ni desarrollarán el tema que me había propuesto
oportunamente como desafío, sin embargo aguardo que lleguen
a ustedes con la misma sinceridad y calidez que los emito.
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Carlos
Rodríguez, Héctor Verón, Carlos Tomada,
Javier González Olaechea, Laurent Vogel |
En primer lugar
quisiera expresar con satisfacción que hemos podido planificar
y llevar adelante un programa complejo en un tiempo realmente excepcional.
No es fácil preparar el abordaje de los temas que aquí
se han tocado, ni convocar a los presentadores que seguramente han
tenido oportunidad de gozar. Hemos podido hacerlo. Se demuestra
una vez más que la eficiencia no es un patrimonio de la empresa
privada. Cuenta para lograr lo que ustedes han compartido: la vocación
de servicio, el deseo profundo de producir algo de calidad, la idoneidad
y, sobre todo, que muchos hayan tomado esta Primera Semana Argentina
como propia.
Quiero especialmente
hacer un reconocimiento público a nuestros colaboradores
de la SRT, especialmente a aquellos que han accedido a realizar
trabajo voluntario para que todo saliera bien. Mis aplausos a ellos.
Otro agradecimiento
especial va dirigido a todos los hermanos de otros países
que han aceptado nuestra invitación y que en su gran mayoría
han financiado su viaje y estancia en nuestras tierras. Igualmente
a todos los compañeros argentinos que desde distintas vertientes
han sabido brindar e intercambiar conocimientos.
Deseamos también
agradecer a todas las entidades que han adherido a esta Semana,
en especial a aquellas que han programado sus propias actividades
al unísono.
Voy a retornar
a algo que dije. Al escuchar mi referencia al trabajo voluntario
de nuestro personal algún necio podría pensar que
estamos remedando la zafra azucarera cubana.
SI, acudimos
al trabajo voluntario, que es aquel que se hace mas allá
de los horarios y de las propias obligaciones y lo hacemos toda
vez que nos proponemos trabajar en nuevos temas que consideramos
indispensables pero a sabiendas que tenemos nuestra fuerza de trabajo
saturada. Allí nace el trabajo voluntario, nace por amores
y no por expectativa de recompensas, de esta forma por ejemplo tenemos
un conjunto de colaboradores que ha asumido con pasión el
tema del trabajo infantil y que está trabajando en la reglamentación
del Convenio 182 de la OIT sobre las Peores Formas de Trabajo Infantil,
junto a otras áreas de nuestro Ministerio y a la Secretaría
de Derechos Humanos. Ellos estarán trabajando mañana
mismo con Valentina Forastieri.
Esta adhesión
interna se logra toda vez que la dirigencia de una institución
muestra claramente que es idónea, que es transparente y que
sabe dónde va.
No somos la
Superintendencia de las ART, como muchos se empeñan en nombrar,
somos la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, un organismo de
la Secretaría de Seguridad Social del Ministerio de Trabajo
que si bien nace con la Ley de Riesgos del Trabajo, hereda los deberes
de las antiguas Direcciones Nacionales de Higiene y Seguridad en
el Trabajo y luego de Salud y Seguridad en el Trabajo.
Siendo ese nuestro
origen y pertenencia no debería extrañar que cumplamos
con nuestras obligaciones de fiscalizar a las ART y al mismo tiempo
colocar todos los esfuerzos en fomentar la prevención.
Esta Primera
Semana ha sido planificada, con el apoyo pleno del Sr. Ministro
de Trabajo -el mismo apoyo con que contamos en todas nuestras iniciativas-.
Desde ese deseo promocional, desde la intención de poner
al acceso de empleadores, trabajadores, especialistas y otros interesados
los Grandes Temas de la Salud Ocupacional en el ámbito nacional
e internacional.
Bachie
Zudie, Director del Museo Arqueológico de Damasco dice “El
trabajo no es un castigo, el trabajo es el goce que nos ha dado
Dios para que no nos enloquezca el paso del tiempo”. Como
todos somos el tiempo que nos queda, para no enloquecer por ello,
la receta es el trabajo. Por eso: el momento de prevenir es ahora.
Los
que me conocen desde hace tiempo, muchos de los presentes, saben
que no me caracterizo por decir aquello en lo que no creo, ni tampoco
por buscar formulas alambicadas para decir verdades a medias. Desde
esa posición, y con el respaldo de casi 40 años dedicados
-creo que consecuentemente y desde distintas posiciones- a intentar
poner la medicina del trabajo al servicio de los trabajadores, me
permitiré algunas libertades. De esta forma apenas daré
algunas pinceladas sobre tópicos que sin duda necesitarían
de una exposición en profundidad. Sin embargo, sabedor de
las cualidades de quienes escuchan me atrevo a hacerlo así,
llana y sintéticamente. Nuestra intención es compartir
algunas certidumbres y avanzar en unos pocos aspectos del Plan Estratégico
que expusiera el Sr. Superintendente.
Veamos entonces
este punteo.
1)
Si bien los temas de salud y seguridad en el trabajo son temas insertos
en las relaciones laborales, el estado no puede comportarse ante
ellos con neutralidad. No se puede ser neutral cuando una
mala condición de trabajo puede entrañar la invalidez
o la muerte. Podría comentar que hay Convenios Internacionales
y aún la misma Constitución Argentina en una buena
lectura así lo exige. Pero creo que basta con decir que no
puede ser neutral por simples razones éticas.
Son los trabajadores
y su calidad de vida en el trabajo nuestro objeto y sujeto de trabajo.
2)
Algunas normas en materia de salud y seguridad han quedado vaciadas
de contenido o son obsoletas. Aún los mismos servicios
de higiene y seguridad y medicina del trabajo han quedado desarticulados
en sus funciones. Seguramente en el futuro inmediato estaremos proponiendo
unas nuevas formas de organización de la prevención
más serias, adecuadas a la realidad nacional, no facilitadoras
del mercantilismo (aún el profesional) y que permitan articular
los recursos de las ART con los de las empresas. Tenemos por delante
la producción de otras normas, en especial relativas a convenios
de la OIT recientemente ratificados.
3)
Las normas no deben servir solo para enriquecer el acerbo nacional.
Las normas deben cumplirse y para esto es indispensable dejar de
jugar al “como sí”. Resulta perentorio articular
esfuerzos y recursos entre la nación y las provincias para
tener una inspección suficiente y calificada. El Convenio
81 de la OIT, ley para nuestro país, estipula claramente
las obligaciones al respecto y la experiencia del mismo organismo
da cuenta del número de inspectores necesarios respecto a
la población a cubrir. Lamentablemente tenemos que confesarnos
a nosotros mismos que Argentina incumple con este Convenio. Al mismo
tiempo confiamos en que la reglamentación de la nueva norma
laboral permita en este sentido cooperar para lograr ese País
en serio que deseamos todos.
4)
En consonancia con el punto anterior, es indispensable que definamos
un Sistema Nacional de Salud y Seguridad en el Trabajo.
Esto implica para el estado en primer lugar cumplir con las tareas
propias. Estas tienen como puntos cardinales definir un sistema
de inspección en serio y articular recursos y definir planes
al menos con las áreas de educación ý salud
para luego extenderlo a otras como industria, agronomía,
minería, etc. Este primer paso de coordinación estatal
es indispensable para luego sentarse con el resto de los interlocutores
sociales interesados a constituir un sistema. No tener un sistema
no es solo una muestra de ineficacia y despilfarro sino de ignorancia
y liviandad. Naturalmente esta es una tarea que nos supera y que,
de considerarse acertada, deberá encabezarla el Sr. Ministro
de Trabajo.
5)
Las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo deben recordar las promesas
hechas en tiempos de afiliación. Bastaría
con hacer un repaso de los materiales publicitarios de la época.
Entonces se aseguraba que los empresarios solo deberían ocuparse
de la producción, ellas se iban a ocupar del resto. Creo
que las ART, tal vez por una cultura signada por la costumbres de
las compañías de seguro, de quienes son herederas,
olvidan a menudo que fundamentalmente deben ser empresas de servicios
que se financian como un seguro y no empresas de seguro que brindan
algunos servicios, los suficientes para recoger las utilidades que
aguardan y para conservar los grandes clientes.
Últimamente
pareciera que toda obligación preventiva a cumplir fuera
rechazada y las ART acuden al terreno judicial con la misma falta
de mérito que le adjudican a los trabajadores que les reclaman
prestaciones por el Código Civil. Esto es lo que se conoce
en nuestra jerga como “doble standard”. Sin embargo
con el Dr. Verón creemos indispensable seguir ofreciéndoles
oportunidades, de allí por ejemplo el mostrar los “barbarismos”
en materia de información sobre accidentes y enfermedades
que remiten para que puedan corregirlos. De allí las conversaciones
que mantiene el Superintendente y su equipo gerencial con las contrapartes
de cada ART para ofrecerles la mirada que se tiene sobre las actividades
de cada Aseguradora en cada tema, para así instarlas a la
mejoría. En estas reuniones, es curioso observar cuán
poco suelen saber los directivos máximos de estas instituciones
respecto a lo que acontece en cada una de sus áreas. Sería
aconsejable que comenzaran a adoptar indicadores de gestión
lo que se corresponde con una buena práctica gerencial. De
allí también, nuestra invitación a adherir
al Código de Ética Internacional en Salud Ocupacional,
de allí el haber promovido el Código de Buenas Prácticas,
presentado durante esta Semana, al que podrán adherir aquellas
ART que quieran avanzar en la materia. Estamos seguros que habrá
ART que aceptarán gustosas el desafío de su adopción
y nuestra auditoría.
6)
Necesitamos marchar hacia una cobertura más solidaria. De
esta manera quiero mencionar que nuestro Sistema de Riesgos del
Trabajo presenta dos muestras claras de falta de solidaridad a las
que voy a dar en llamar interna y externa. Al hacer referencia
a la solidaridad interna estoy evocando al hecho, por todos
conocido, que el Sistema de Riesgos del Trabajo es financiado por
las Pyme y que las mejores prestaciones se las llevan las grandes
empresas (no solo las preventivas, también las asistenciales,
determinados prestadores médicos solo están disponibles
para determinadas firmas). Las alícuotas de las Pyme son
siempre muchos más altas que aquellas de las empresas de
talla mayor, naturalmente porque no tienen el mismo poder de negociación.
Otro aspecto a considerar es que el valor de la alícuota
no responde a los esfuerzos realizados por la empresa en materia
de prevención. Hemos establecido los indicadores necesarios,
hemos revisado los datos de los 7 años y hemos establecido
una propuesta de régimen de alícuotas que tiende a
limitar los efectos perversos descritos.
El próximo
lunes, el texto consensuado con la Superintendencia de Seguros de
la Nación estará a consideración del órgano
tripartito de la ley. Con el término de solidaridad externa
estoy haciendo referencia a la falta de cobertura de un extenso
sector informal de la economía, a los distintos regímenes
de contratación, a las cooperativas de trabajo (a las verdaderas
cooperativas de trabajo y no a aquellas que hacen del fraude su
negocio), a los trabajadores autónomos. No nos cabe duda
que hay que quebrar esta falta de solidaridad y mejorar la cobertura.
Hemos presentado al Sr. Ministro de Trabajo un par de borradores
que sin duda necesitan de mayor profundización e idoneidad
para avanzar en el tema.
7) La
negociación colectiva como herramienta para mejorar la prevención.
Unos años
atrás en la Dirección Nacional de Salud y Seguridad
en el Trabajo tuvimos ocasión de hacer un estudio sobre 400
convenios colectivos de trabajo con el objetivo de ver en qué
medida esta posibilidad había sido aprovechada. Fue grande
nuestra sorpresa al descubrir que fueron mas las cláusulas
que establecían prestaciones por debajo de lo que las normas
exigen que aquellas innovativas. Quede a salvo el caso de un puñado
de gremios que habían avanzado mostrando que esto es posible.
Vamos a colaborar para revertir esta situación en dos ámbitos:
uno el promocional editando un documento al respecto y otro colaborando
con el Ministerio al que pertenecemos en la formación de
sus negociadores y en la homologación de los convenios.
8)
La salud y seguridad deben ser una preocupación de la Dirección
de las empresas tan importante como la calidad y productividad.
¿Cuántas
veces hemos dicho esto? También hemos dicho que hacer prevención
es un buen negocio. Siempre me gustó este slogan y siempre
dudé de su veracidad.
Es que pensaba que si fuese un buen negocio lo harían los
empresarios.
Hoy, con más
información respecto de las vinculaciones entre la economía,
la salud y seguridad y también ¿por qué no?,
con más experiencia, sé que hacer prevención
es un buen negocio solo si se impide la externalización de
riesgos, la externalización de sus consecuencias.
La posibilidad
de poder exportar la carga de la enfermedad fuera de la empresa,
es decir exportar los costos hacia la sociedad, hacia las obras
sociales, hacia los trabajadores como individuos o hacia otras empresas,
ofrece ventajas económicas para el empleador porque el daño
no es compensado por la propia empresa. Paralelamente se reduce
el interés en desarrollar una gestión adecuada en
materia de salud y seguridad en el trabajo. El proceso de externalización
de costos al que se suele olvidar en los estudios de costo-beneficio;
la extensión de la tercerización y el crecimiento
del sector informal de la economía, justifican por sí
la reflexión sobre el tema. También nos indica la
necesidad que toda estrategia de mejoramiento que pretenda un mayor
involucramiento de los empresarios debe tener en cuenta poner en
marcha mecanismos que impidan la derivación indebida de costos.
Al pasar me
permitiré señalar que están profundamente equivocados
aquellos empresarios que creen que con pagar a la ART sus obligaciones
en materia de prevención están cumplidas. Lo absolutamente
increíble resulta que en oportunidades sean los aparentemente
ilustrados asesores y representantes de los empresarios lo que mantengan
esta posición, la cual revela un desconocimiento de las normas
que asusta o simplemente un desprecio por la vida de los otros que
horroriza.
9) La
cultura de la prevención. Nadie
podrá discutir que este es un tópico de moda, reuní
cerca de 3000 páginas en trabajos sobre el tema pues pensaba
hacer de éste mi tema de exposición durante estas
actividades. Pero reconozcamos también que hoy podría
haber recogido en este punteo aspectos como los sistemas de gestión
de la salud y seguridad en las empresas, los códigos de buenas
prácticas, la responsabilidad social de las empresas, los
códigos de conducta, las barreras para arancelarias en materia
de salud y seguridad que nos irán poniendo los países
centrales, no por proteger la salud de nuestros trabajadores sino
la salud de sus propias empresas. Sin embargo no he podido eludir
la tentación de decir dos palabras sobre esto de la cultura
de la prevención.
De la misma
forma que cuando aparece la noción de riesgo aceptable muchos
de los cultores de la salud y seguridad en el trabajo sienten que
han descubierto la piedra filosofal, el tema de la cultura de la
prevención parece ocupar la misma pretensión.
En realidad,
el concepto respecto a la presunta importancia de la noción
de riesgo aceptable pertenece a Lawrence Mc Ginty, profesor de Seguridad
e Higiene de la Universidad de Aston, él decía que
así como el descubrimiento de la estructura del DNA por Watson
y Crik fue asumido como el dogma central de la biología,
el concepto de riesgo aceptable se ha convertido en la llave maestra
del catecismo de la seguridad. Sin embargo, podríamos reflexionar
que al preguntarse si un riesgo es o no aceptable es indispensable
saber para quién: ¿Para aquel que deteminó
su existencia?, ¿para el gobierno?, ¿para los científicos
independientes?, ¿o para los expuestos? La noción
de riesgo aceptable no es por lo tanto inapelable, ni universal,
exige al menos consenso democrático y sobre todo de aquellos
que ponen el cuero: los trabajadores.
De la misma
forma el centro de la atención está fijado ahora en
la cultura de la prevención, y digámoslo en voz baja,
recién después de Chernobyl. Quiero aclararles que
adopto la expresión cultura de la prevención, pues
el de cultura de la seguridad, a menudo utilizada en las publicaciones
en lengua inglesa, me resulta incorrecto o al menos propiciante
de olvidos respecto a las causas del mayor número de muertos
que, conforme los datos de la OIT, son las enfermedades vinculadas
al trabajo.
En ocasiones,
en nuestro país, se ve enarbolar el tema de forma tal que
se enrostra al otro la falta de cultura de la prevención,
se flamea otro banderín atractivo pero falso tal como aquel
otro que se diera a luz en los años '30: el del acto inseguro.
En estos casos
se enrostra a los trabajadores la falta de una cultura de la prevención
en aquellos casos donde el trabajador pareciera que da poca importancia
a su propia salud, o a su vida. ¿Qué importancia puede
dar un trabajador a su cuerpo cuando solo lo ha vivenciado, a lo
largo de toda su vida, como una herramienta de trabajo? Y esto no
es puro sentimentalismo, no olvidemos que para nuestra legislación
el trabajador es aún un trabajador devaluado. En efecto,
aún no existen normas sobre los riesgos psicosociales y me
niego a aceptar que nuestros trabajadores no tengan emociones, no
tengan psiquis, me niego a aceptar que en nuestro país los
agresores de la salud mental en el trabajo sean inexistentes. Entonces,
cuando hablamos de falta de cultura de la prevención habría
que ver en qué medida la estamos sosteniendo y amparando
por decisión u omisión.
La cultura de
la prevención, es decir el conjunto de creencias, actitudes
y prácticas en una empresa al respecto, exige no solo una
organización en la cual los trabajadores tengan protagonismo,
sino que implica que sea asumida por cada eslabón la empresa.
Hay un buen número de estudios demostrativos de lo contrario.
Dentro de grandes empresas, con políticas definidas, con
sistemas de gestión puestos en marcha se ha encontrado que
distintos subgrupos tienen distintas ideas, en la práctica
de la cultura empresaria en materia de prevención. Entonces,
cultura de la prevención si, como materia indispensable del
conjunto social, pero no forma devaluadas, sino como producto de
gente seria que trabaja para un país en serio.
10)
Las enseñanzas de Giulius Macacaro.
Macacaro fue
uno de los prevencionistas más importantes que tuvo Italia,
y no me cansaré de repetir algunas de sus palabras. Así
sostenía que la Prevención debía ser:
a) Preventiva en el sentido más genuino e intrépido,
no agotándose en el diagnóstico precoz de la enfermedad ya declarada,
promoviendo en cambio la defensa de la salud frente a las ofensas
del ambiente de trabajo y de vida
b) Colectiva en el sentido que al superar cualquier
forma de sistema burocrático parasitario e ineficaz (lo cual no
es como se acostumbra a decir una exclusividad del Estado), se declare
la asunción integral por parte de la colectividad participante,
del derecho a ser sujeto no solo de salud, sino también de sanidad
c) Social en el sentido que sepa dirigir y llevar
su intervención a la comunidad real en la que el hombre vive, sin
ignorar la inseparabilidad de la salud colectiva y de la individual
d) Humana de forma tal de recuperar el diálogo
entre profesiones cada vez mas “objetivas” frente a un sufrimiento
siempre más subjetivizado
Sospecho que
a este tiempo de mi intervención tanto mi respiración
como mi voz estarán extenuadas. Me haría muy feliz
si mis aportes instan a algunos a una reflexión ulterior.
Estimados amigos:
el concepto de Trabajo Decente en su expresión mínima
es Trabajo Registrado y Sin Riesgos. Por ello, y apelando a un trabajo
decente, los insto a compartir la idea de que nuestra tarea hoy
es poner todos nuestros esfuerzos para que los trabajadores no se
hieran, no se mutilen, no enfermen, no mueran en el mismo lugar
donde fueron a buscarse el sustento. A sabiendas de que la victoria
final solo será lograda cuando los trabajadores vuelvan a
cantar cuando trabajan.
Muchísimas
Gracias.
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